El de Sara Gallardo es de esos casos en la literatura argentina que tardan en ser reconocidos, pero que al final lo logran. Escritora con un pasado de abolengo (era tataranieta de Bartolomé Mitre, bisnieta de Miguel Cané y nieta de Angel Gallardo) y un enorme talento para desplegarse en el mundo de las letras, le tocó vivir y desarrollar su arte en un momento de la historia argentina en el cual la literatura femenina parecía haberse completado con el tríptico de Silvina Bullrich, Martha Lynch y Beatriz Guido.