19 Jan
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El de Sara Gallardo es de esos casos en la literatura argentina que tardan en ser reconocidos, pero que al final lo logran. Escritora con un pasado de abolengo (era tataranieta de Bartolomé Mitre, bisnieta de Miguel Cané y nieta de Angel Gallardo) y un enorme talento para desplegarse en el mundo de las letras, le tocó vivir y desarrollar su arte en un momento de la historia argentina en el cual la literatura femenina parecía monopolizada por el tríptico de Silvina Bullrich, Martha Lynch y Beatriz Guido, dueñas absolutas de la ficción y embajadoras de las letras para el mundo hispanoamericano.

Gallardo comenzó a escribir muy joven y logró una serie de trabajos más que interesantes a la vez que supo atravesar, como pocas otras lo hicieron, un sinnúmero de géneros (novela, cuento, crónica periodística, etc) los cuales utilizó para plasmar no sólo mundos de fantasía sino, también, su mirada y sus vivencias de los diferentes espacios del mundo contemporáneo por los que tuvo la suerte de recorrer ya sea en calidad de viajera o como periodista de los tantos medios para los cuales trabajó. Cuenta de ello fueron las numerosas intervenciones que realizó para el Diario La Nación y revistas como Confirmado (fundada por Jacobo Timmerman en 1965) Claridad, Primera Plana y Atlántida publicaciones culturales que reflejaban en sus letras de molde las vicisitudes del ser argentino en la convulsionada y cambiante década del 60. 

Sin embargo, más allá de ser dueña de un enorme talento como escritora y como periodista, su obra durante años fue considerada una “rara avis” en la literatura argentina y debió esperar, como sucede con los buenos vinos, que el mundo terminara de evolucionar para que le dieran el lugar que tanto merecía ocupar en las letras no sólo de Argentina sino de Hispanoamérica. Por entonces, para el universo académico y literario los periodistas no estaban considerados escritores en sentido amplio y todo lo que producían para ser publicado en medios representaban géneros menores (en ese sentido, la figura de Gabriel García Márquez inició un camino de dignificación del oficio que concluyó a inicios del siglo XXI cuando la Fundación Nóbel le otorgó el máximo galardón en literatura a Svetlana Alexievich, reconociendo al periodismo como un género literario y a una mujer bielorrusa como hacedora de aquel) 

Por ello, la aparición de Sara Gallarado: Vivir de viaje (Serie Viajeras/Viajeros de FCE- 2022) con selección de artículos y prólogo de Lucia De Leone significa no sólo la oportunidad de acceder a sus escritos en los que recorre el mundo sino, además, una reivindicación a su magnífica obra, la cual fue revalorizada en la última década e hizo que el nombre de la escritora comenzara a sonar en el ámbito literario nacional. De esa manera, dividido en cuatro partes (I.Tretas para viajar, II. Desde Europa, III. Por América y IV. En Argentina) la prologuista organiza y da sentido a la obra de la escritora para exhibirla como una de las grandes cronistas del siglo veinte argentino. 

En cada uno de esos capítulos el lector se encontrará con una diversidad de artículos periodísticos y literarios tales como crónicas, comentarios, opiniones, reflexiones y hasta incluso cartas que dejan en evidencia a una Gallardo que tamiza a través de su mirada y su escritura el mundo tal cual como lo experimenta sin ejercer distorsiones de otredad o alteridades de hombre culto. Así es como a partir de aquellos se puede reconstruir cómo eran las ciudades de entonces (París, Roma, Londres, Berlín o Nueva York) y los hombres y mujeres que las atravesaron como sujetos históricos. 

Por ello hoy, a la distancia, y como sucede con todo relato que expone crónicas, el libro de Gallardo no sólo es una excelente oportunidad para disfrutar de relatos de viaje sino, también, un interesante testimonio para analizar en proyección histórica el devenir de la sociedad y cuánto influyeron en él las diferentes ciudades que atraviesan la obra.

Fragmentos de Sara Gallardo: Vivir de viaje

(...) Viajes

Contra lo que se cree, lo único que pedimos a quienes vuelven de un viaje es que se abstengan de relatos. Tal vez sea cosa de nuestro tiempo, en que viajar resulta fácil. Gente blaseé y sofisticada como creemos ser, todos tenemos nuestra idea sobre Paris y Roma, y los gorjeos que su descubrimiento despierta en nuestro prójimo nos resultan cuando menos monótonos. Que se abstengan de relatos . La ropa nueva, el corte de pelo y una vivacidad aun no embotada por la rutinanos hablan suficientemente. Sabemos: divertidísimo, necesario, cansador, inolvidable. Deseamos de todo corazón que todo ser amado viaje. Un viaje enseña, transforma, etcétera. Pero por favor, pas de relatos. 

Lo clásico es exactamente lo opuesto. Llega el viajero, legendario por el solo hecho del viaje, que implicó audacia, imaginación, resuello y los coterráneos, emocionados, se reunen junto al fuego para oirlo contar. Sus relatos no importa si adobador de imaginación (sólo en nuestros días se considera mentirosa la imaginación y pedimos testimonios en vez de relatos) sus relatos hacen soñar a los presentes y los alimentan hasta el fin de sus vidas. El mundo es enorme y desconocido, hay seres humanos diferentes a nosotros , créase o no. Los oyentes, atados por la costumbre, la escasez o el ánimo al suelo natal, sienten qu el viento refrescante de la aventura los orea. 

SARA GALLARDO: VIVIR DE VIAJE

Serie Viajeros/Viajeras, Colección Tierra firme, FCE

Selección y Prólogo de Lucia De Leone

Páginas: 433

2022, Buenos Aires

ISBN: 9-789877-19378-7

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