La Catedral de Florencia es el ícono más representativo de la ciudad y por ella llegan a diario miles de turistas que hacen largas filas para ingresar y admirarla en todo su esplendor. Al igual que otros emblemas como el Coliseo, la Torre Eiffel, las góndolas venecianas o la Plaza de las Ventas en Madrid, esta catedral no sólo se erige como el sitio a partir del cual se debería iniciar la recorrida por la ciudad sino que, además, se supone la pieza más emblemática para descubrir cómo era la vida en los años en los que el Renacimiento italiano se transformó en una forma de pensamiento y de hacer política para el resto de Europa.