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10 Jul
10Jul

La Catedral de Florencia es el ícono más representativo de la ciudad y por ella llegan a diario miles de turistas que hacen largas filas para ingresar y admirarla en todo su esplendor. Al igual que otros emblemas como el Coliseo, la Torre Eiffel, las góndolas venecianas o la Plaza de las Ventas en Madrid, esta catedral no sólo se erige como el sitio a partir del cual se debería iniciar la recorrida por la ciudad sino que, además, se supone la pieza más emblemática para descubrir cómo era la vida en los años en los que el Renacimiento italiano se transformó en una forma de pensamiento y de hacer política para el resto de Europa.

Sin embargo, mas alla de ser un testigo ineludible de la actividad política y cultural en tiempos de los Medici, la Catedral es mucho más que una simple morada cristiana: es la muestra acabada de la intervención de varios artistas desde el siglo III (en el cual era mucho más pequeña y se llamó la Basílica de San Ambrosio) hasta el siglo XV cuando el genial Felipe Bruneleschi redimensionó muchos de sus espacios y logró la famosa cúpula octogonal que no sólo marcó un estilo arquitectónico sino que, además, revolucionó las reglas de la construcción y de la perspectiva para siempre. 

Debido a la ampulosidad que presenta su cúpula, el Baptistero circular y la Torre del Giotto, el grupo escultórico ocupa una buena proporcón del casco histórico y por sus elevadas construcciones logra sobresalir recortándose en el paisaje de un modo muy particular.

Los miles de turistas que llegan a ella para visitarla incian el recorrido por la parte exterior ya que les permite visualizar no sólo el delicado diseño de cada uno de los espacios del complejo arquitectónico sino, además, apreciar algunas de las muestras mejor logradas en toda Italia a partir de los tres tipos de mármoles que diera la ciudad de Carrara: el blanco, el verde y el rosado. Apreciar los ventanales, las columnas, los diseños geométricos y un sinfín de imaginería religiosa que está puesta en toda la superficie de la fachada exterior le otorga a los visitantes la posibilidad de dimensionar las obras con las que se encontrará en el interior una vez que atraviesen el enorme pórtico de entrada.  

Tanto la fachada principal como los laterales que conforman los exteriores de la catedral desafían a los visitantes para que le dediquen un tiempo extra a la visita y se puedan perder entre todos los objetos y piezas artísticas que los engalanan. Si toman este consejo y se detienen un tiempo allí podrán visualizar frescos excelentememte conservados, molduras, mayólicas, vitrales, rosetones, guardas geométricas que evocan estilos orientales y un número increíble de esculturas relacionadas con diferentes pasajes del relato bíblico.

Los alrededores de la catedral son un punto estratégico en el que se despliega buena parte de la vida social fiorentina albergando tiendas religiosas, mercados de frutas y alimentos, bares, restaurantes, museos y algunas manifestaciones turísticas como los mateos que, a cambio de unos euros, permite la experiencia de recorrer el casco de la ciudad como se lo hacía en los tiempos en los que Michelángelo, Giotto o Botticelli hicieron de Firenze su casa y su espacio de trabajo.

El hecho de que la actual catedral sea un complejo arquitectónico en el cual conviven varias construcciones y estilos le otorga a los viajeros algunas vistas realmente fabulosas. Por ello es que muchos historiadores o estudiosos del arte no dudan en catalogar a la ciudad como un "museo al aire libre" y aconsejan incorporarla en el listado de "10 lugares para ver antes de morir".

Las largas filas para ingresar a la catedral inician desde muy tempranas horas de la mañana. Lo aconsejable cuando se planea una visita es adquirir de antemano los billetes con tiempo de anticipación y mediante las páginas habilitadas para la venta. Eso les permitirá poder disfrutar del complejo sin tener que soportar las inclemencias del clima (los veranos en la ciudad cada vez son más insostenibles y los inviernos suelen tener más días de lluvias que de sol) o bien de varias horas de pie que resultan agotadoras y que les quitarán energía para poder desplazarse por el interior de la catedral.

LOS INTERIORES DE LA CATEDRAL: EL RENACIMIENTO EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN

Una vez dentro del recinto religioso, el visitante se encuentra con una serie de obras de arte que es aconsejable conozca de antemano así las puede apreciar en su máxima expresión. Algunas de ellas les resultarán conocidas (de hecho muchos no saben que esas piezas forman parte del patrimonio de la catedral) y otras les llamará la atención para seguir investigando y sumar conocimiento para terminar de dimensionar la experiencia única e irrepetible que significa descubrir la Santa María del Fiore. Así es como una serie de vitrales increíbles, frescos que engrosan los libros de arte más importantes del renacimiento italiano y una numerosa serie de personajes bíblicos así como de objetos religiosos pueblan cada uno de los rincones del edificio y lo hacen una verdadera gema para la historia de la humanidad.

Una serie de vitreaux referidos a la vida de la Virgen María ocupan de manera panórámica una de las alas de la catedral. Las entradas de luz teñidas por los colores de los vidrios le dan a quienes ingresen -muy temprano en la mañana- la posibilidad de tener una vista de ensueño y que les parecerá salida de un film sobre la edad media.

La enorme cúpula hecha sobre una estructura octogonal, en el interior expone una representación del Juicio Final. Los frescos fueron pintados entre 1572 y 1579 por Giorgio Vassari, Federico Zuccari, Donatello, Ucello y Del Casttagno y colocan a Cristo resucitado, razón de ser de la cristiandad, en el centro de la obra. A partir de él se sucede una serie de personajes entre los que se encuentran la Virgen Maria, los Apóstoles, algunos miembros del santoral oficial y un conjunto de reminiscencias bíblicas que dan la idea de la idolatría cristiana del mundo occidental.

La entrada de luz de la cúpula permite que las formas y los colores de la obra se puedan apreciar de un modo natural. Tanto los diseños como la disposición de los mismos fueron pensados para producir en el visitante una sensación de contacto directo con el mundo divino.

En 1465 Domenico Di Michelino pintó uno de los retratos más importantes sobre Dante Alighieri, poeta y escritor que simboliza la esencia de las letras y la cultura italiana. Si se tiene en cuenta la importancia que Dante supone para la italianidad no asombra que se le haya dedicado un retrato en uno de los lugares de mayor importancia en el mundo del renacimiento. Para los italianos, la figura de Alighieri supone una verdadera divinidad digna de culto y admiración tanto como los diferentes personajes que supo materializar el mundo cristiano.

A diferencia de lo que sucede con otros iconos citadinos, la llegada del atardecer le otorga a Firenze un aire de tranquilidad absoluta y le devuelve el silencio que suele brillar por su ausencia durante el día. Así es como ante una merma importante de transeúntes, la noche se convierte en una buena opción para llegar hasta el Duomo y descubrirlo en su otro aspecto visual: el del juego de luces y sombras. Por eso se recomienda en este momento realizar una recorrida por su fachada, el baptisterio y la torre de Giotto así como algunas de las callejuelas que lo circundan. Las fotografías que podrán tomar allí serán muy diferentes a las que hicieron durante el día y les permitirá retratar en todo su esplendor la imponente construcción iluminada que es en sí misma un verdadero espectáculo nocturno.

Durante el día y la noche decenas de turistas estacionan allí sus bicicletas y dan inicio a un recorrido a pie por el casco de la ciudad. Sentarse frente a él en algunos de los asientos públicos o bien disfrutando de un aperitivo en alguna de las "botegas" que rodean el complejo pueden resultar una experiencia inolvidable cargada de arte, historia y una buena excusa para profesarle amor eterno a la joya más luminosa de toda la Toscana. 

Mas info

Billetes Duomo de Florencia

Catedral de Florencia

Felipe Bruneleschi

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