26 Dec
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A menos de una hora de tren y declarada por la UNESCO como Patrimonio de la humanidad en 1995, la pequeña ciudad de Sintra es una verdadera gema que nadie debería perderse cuando se planea una estadía en la capital portuguesa. La localidad es una pequeña villa de cerca de 30.000 habitantes que se encuentra enclavada entre montañas y rodeada de verdes valles que la hacen única dentro de la geografía peninsular. 

Pero además de los vestigios de las murallas de antaño y un par de castillos que en la actualidad se encuentran abandonados en el medio del paisaje, Sintra es la caja en la cual reposan dos de las maravillas arquitectónicas de la cultura lisboeta: el Palacio da Pena y el Palacio de Sintra, ambos muy diferentes pero testigos de un pasado regio como nunca más se volvió a ver en la historia del país.

Para una buena visita al lugar es necesario destinar un día completo, ya que si bien el Palacio da Pena puede recorrerse tranquilo en un par de horas también vale la pena pasar un tiempo extra en el casco histórico de la ciudad que es tan pintoresco como interesante. Si dividen el día en dos y destinan una mitad para cada uno de ellos, al final de la visita habrán vivido una experiencia inolvidable y se llevarán para sí un recuerdo imborrable.

EL COLORIDO Y EXCÉNTRICO PALACIO DA PENA: EXTERIOR/DÍA 

Si llegan a la ciudad en tren luego deberán tomar un autobús o taxi hasta el casco histórico de la ciudad, y desde allí se sube entre las laderas hacia el recinto del Palacio, que además de estar en una zona relativamente alta es también una reserva de flora y fauna muy particular, ya que cuenta entre sus especies algunas muy raras y otras en peligro de extinción. A medida que vayan subiendo por la ladera verán algunos de estos castillos que se encuentran perdidos en medio de los valles que circundan la zona y que aún hoy guardan celosas las murallas que en épocas pasadas  sirvieron de defensa ante ataques exteriores.

Con el avance en el ascenso irán viendo cada vez mas nítidas y cercanas las cúpulas y las torres coloreadas del Palacio da Pena. Aprovechen ese momento para tomar fotografías ya que a medida que se avanza en el camino el edificio parece modificar sus formas y los colores se van tornando de diferentes tonalidades (y si les toca un día de sol como el que tuve la suerte de experimentar el día que fui ni les cuento). Una vez que tengan esta vista que aparece en la fotografía no duden en hacer varias tomas y les recomiendo que se queden un rato observándolo ya que en el tramo que sigue, si bien estarán cada vez más cerca, ya no tendrán esa vista panorámica con la fisonomía completa del castillo tal cual como aparece en las guías o en las postales.

Algunas de los tramos del camino les van a resultar algo extraños extraños, como esta escalera vegetada y llena de musgos que me hizo acordar a los paisajes que Lewis Carrol imaginó para el maravilloso mundo de Alicia. Si el tiempo lo permite (o sea que no haya llovido ni lo esté haciendo en el momento en que hagan la visita) el  palacio cuenta con un servicio de transporte que los transportará hacia la cima sin tener que hacer esfuerzo. 

La propuesta puede parecer atractiva,  aunque en lo personal, les aconsejo que hagan el esfuerzo y  lleguen hasta la entrada del palacio a pie ya que de lo contrario se van a perder las vistas más increíbles que vayan a ver.

Una vez ingresados en el recinto del palacio se encontrarán con una vegetación que nunca antes habían visto en ningún otro lugar. El olor a la hierba fresca y la leve brisa húmeda que recorre el lugar es un verdadero festín para los sentidos. 

En la puerta de acceso al Palacio una mano abierta sobre el arco de estilo morisco anuncia la bienvenida y da al peregrino o visitante la idea de que será bien recibido por los anfitriones que antaño no eran otros que los reyes de Portugal (algunos de los que vivieron allí fueron María II y Fernando II - sus creadores- Pedro V, Luis I, Carlos I y Manuel II,este último, creador del estilo manuelino tan típico y diseminado en obras de arte de todo el país). Algunos le atribuyen a la mano algún sentido cabalístico, algo que no sería extraño si se tiene en cuenta que todo el palacio está diseñado con formas y colores algo extraños que, según cuentan los estudiosos del arte, encerrarían mensajes masónicos o esotéricos muy en boga en las épocas en que los reyes lo usaban de vivienda. 

La terraza de la Reina es uno de los puntos panorámicos elegidos por los visitantes para hacer fotografías tanto del palacio como de los increíbles alrededores recargados de verde y otras construcciones medievales dispersas en medio del paisaje. El reloj de sol que se encuentra aún hoy antes estaba conectado a un cañón que se disparaba automáticamente cada doce horas. Desde allí, algunas de las vistas que se tienen son las siguientes: 

Si bien el palacio fue construido en los años en que el romanticismo vivía sus mejores años, el buen gusto y la excentricidad llevó a que los reyes que lo mandaron a construir eligieran crear ambientes que obedecieran a diferentes estilos entre los que sobresalen claramente el neo-gótico, neo-barroco, islámico, renacentista y en gran parte el manuelino, recargado de formas, materiales y colores típicos de la cultura lisboeta así como de los azulejos árabes y coloniales, todo un icono del país. Estos balcones son un claro ejemplo de la mixtura de estilos que se pueden ver en las fachadas y en los interiores del palacio.

El Tritón es otra muestra del eclecticismo con el que se diseñó el palacio. Este ser mitad hombre mitad pez sostiene con sus manos las ramas de una parra que parece incrustarse, a la vez, sobre su espalda. El hecho de que esté sentado sobre una concha marina y la dureza de su expresión (en clara muestra de dolor) representaría el momento en que un ser aparentemente creado para la vida acuática es tomado como rehen de los elementos de la tierra, lo cual suponemos acabará finalmente con su existencia. Según el rey Fernando II dijo que el personaje mitológico de cara adusta era una alegoría de la creación del mundo y, desde entonces, corona la parte lateral de los balcones principales del castillo.

Algunas columnas y elementos ornamentales fueron puestos a inicios del siglo XX, como esta columna con aires de modernismo que bien podría haber sido diseñada por Antoní Gaudí o Muchá. Junto a la cúpula morisca amarilla, la torre del reloj es una de las partes más altas del palacio y desde allí se tienen vistas como estas:

Las garitas se encuentran en las esquinas del palacio y se hicieron utilizando las piedras que por allí abundaban. La función de estos balcones es la de oficiar de pequeños miradores, ya que por su ubicación estratégica en los vértices mas importantes del palacio ofrecen una de las vistas panorámicas más increíbles que se puedan tener tanto del castillo, de los valles e incluso del casco histórico de la ciudad.

Las ventanas del castillo son una buena muestra de la combinación de estilos. Arcos mudéjares con elementos neogóticos en madera combinan a la perfección con los azulejos de estilo árabe pero confeccionados con materiales lisboetas. 

Las escaleras ubicadas en uno de los patios más grandes del palacio es el sitio elegido para descansar un rato y admirar lo más cerca posible las fachadas, cúpulas, torres y demás elementos arquitectónicos que hacen que el palacio sea un monumento único.

EL COLORIDO Y EXCÉNTRICO PALACIO DA PENA: INTERIOR/DÍA

En el interior, algunos de los techos fueron construidos siguiendo los lineamientos del modernismo (en este caso podría decirse inspirado en el modernismo catalán) pero con el agregado de azulejos portugueses.

La cocina y el comedor real se encuentra en perfecto estado de conservación. Los muebles, las vajillas, los adornos y elementos varios de platería dan una idea certera de cómo era la vida de los monarcas que por allí pasaron. 

En el corazón mismo del palacio se encuentra este patio azulejado que recibió el nombre de Claustro Manuelino, en honor al Rey Manuel I responsable de la introducción del azulejo en Portugal. Este espacio fue creado como monasterio en el siglo XVI y muchos de los azulejos que se usaron para revestir pisos y paredes son de origen árabe del 1520. Por la proximidad marítima en la que se encuentra Portugal, las tortugas desde tiempos inmemoriales forman parte de su mitología y son un elemento inseparable de los conquistadores y marineros. 

En el interior del palacio se encuentra una capilla que fue parte del antiguo monasterio de los monjes jerónimos, orden más importante de Portugal. El altar está hecho en mármol de Carrara traído de Italia (blanco y negro) y mezcla escenas del credo cristiano con otras pertenecientes a la historia del país.

El Salón árabe es un verdadero engaño para los sentidos. Cuando uno se para en medio de la sala y observa a simple vista los espacios cree estar en presencia de una arquitectura recargada de detalles y numerosos detalles pero no es así, se trata de pinturas bidimensionales sobre la pared que engañan a la vista y otorgan sentido de tridimensionalidad. El autor de la obra fue Paolo Pizzi y fue realizada a mediados del 1800.

Los aposentos en los que dormían los reyes es otro de los lugares imperdibles del palacio. Muchas de las paredes están revestidas en azulejos tridimensionales y altorrelieves de estilo modernista 

Estas paredes son otro engaño para los sentidos 

Desde la terraza de la reina pude observar la grandeza de Sintra y la magnificencia del palacio. Pocas veces había estado en un lugar tan enigmático, colorido, excéntrico, misterioso, raro y clásico, todo al mismo tiempo. ¿Por qué nunca a nadie se le ocurrió filmar una película allí? ¿Por qué nadie nunca se fijó en su estética particular? con sólo imaginarme lo que podría ser aquella mole ecléctica proyectada en technicolor me dio escalofrío. Así que me guardé la mejor imagen que pude y me propuse firmemente proyectarla en mis recuerdos cada vez que las ganas de viajar me tomen por sorpresa o cuando la saudade por Lisboa apriete tanto que ni siquiera el sabor de la ginjinha me sirva para transportarme hasta ella.


DATOS ÚTILES

PARQUE DA SINTRA (PALACIO DA PENA)

Parque de Monserrate 2710-405 Sintra

Temporada alta: 9.30 a 20.00 hs

Temporada baja: 10 a 17 hs. 

email: info@parquesdesintra.pt

Website: wwwparquesdesintra.pt

Cómo llegar: desde Lisboa se puede tomar un tren desde la estación del Rossío y la duración del trayecto es de aproximadamente una hora. Luego desde la estación deberán tomar un bus o un taxi hasta el casco histórico de la ciudad y desde allí ascender a pie. La otra opción es contratar una excursión de día completo con guía (la mayoría de ellas también incluyen un bonus de Cascais y las playas de Estoril). El precio aproximado de las excursiones con guía en español es de 80 euros y ,generalmente, no incluyen comidas (aunque sí la entrada al parque en la mayoría de los casos)

Donde comer: en el Palacio hay dos cafeterías y restaurantes : una en la entrada y otra frente a la terraza de la reina en el interior. Los precios son bastante razonables y una buena opción si deciden a hacer una visita de todos los ambientes del palacio, la cual obliga a una parada obligatoria, sobre todo si van en pleno invierno o en pleno verano.

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