Así como Diego Velázquez está considerado el hombre que mejor pintó la corte de Felipe IV y su impronta en el Madrid de los Absburgo, El Greco es el pintor más representativo de la vida toledana. Su influencia y su presencia se puede observar en cada esquina, en detalles decorativos, en postales, en abanicos y en la miles de reproducciones que los turistas que llegan a diario a la ciudad adquieren sin parar renovándole al pintor el mote de ícono pop aunque su vida y su obra se hayan desplegado casi tres siglos antes de que la idea de pop-art apareciera en la historia oficial del arte.
Ahora bien, de aquella comparación ineludible con Diego Velazquez surgen dos preguntas que muchos viajeros se hacen cuando recorren el casco antiguo de Toledo y se encuentran con la Casa-Museo dedicados a su vida y obra. La primera de ellas es ¿qué características tenía aquel pintor para haber alcanzado tal grado de iconicidad? y la segunda ¿porqué los toledanos decidieron dedicar un espacio para preservar, exponer y difundir su obra? Para respondera ambas es necesario indagar un poco en la vida del pintor, ese que todos lo llaman El Greco pero que en realidad se llamaba Domenikos Theotokopoulos y portaba sobre sí sangre griega y un pasado de arte clásico que le sirvió de influencia e inspiración para crear su magnífica obra pictórica.
DOMENIKO THEOTOKOPOULOS: SEMBLANZA DE UN CRETENSE QUE DEVINO TOLEDANO
Independientemente del sitio en el que se indague acerca de los datos biográficos del Greco todos coinciden en que nació en 1541 en la isla de Creta, que desde muy joven se inició en el mundo de la pintura influido por el estilo bizantino y que su llegada a Toledo -en 1577- significó no sólo la elección de un lugar para asentarse sino, además como escenario en el que transcurriría su vida hasta que la muerte lo sorprendiera en 1614. Desde ese rincón español pintó la mayoría de sus piezas más emblemáticas (Vista de Toledo, la serie de los expolios, El caballero de la mano en el pecho, El entierro del Conde de Orgaz y otros tantos que se exhiben en diferentes museos del mundo) y vivió como uno de los artistas más reconocidos por la nobleza de la época lo cual le permitió rodearse temporalmente de algunos lujos aún cuando su condición de pintor le devolvía una realidad personal bastante diferente de aquella a la que accedía por un rato.

Sin embargo, no es sólo su biografía la que se encuentra cargada de misticismo y enigmas sino, además, la de la actual casa-museo dedicada a su obra. Según cuenta la historia oficial toledana, en 1905 el Marqués de la Vega-Inclán (uno de los hombres más poderosos e influyentes de la Toledo de entonces) comenzó a buscar una casa similar a la que había habitado el Greco para convertirla en un museo para exhibir la frondosa obra del pintor atesorada en la ciudad. Así es como inició la búsqueda y luego de un trabajo casi detectivesco dió con una muy parecida a la del pintor y que había sido propiedad de una duquesa del siglo XVIII que la supo habitar como si se tratara de un palacio. Pero enorme fue la sorpresa del marqués cuando una vez iniciados los trabajos de restauración descubrió que -según constaba en los planos catastrales de la antigua ciudad- aquel inmueble no era otro que la casa original en la cual había vivido el pintor hasta su muerte y que, por pedido de la dueña de la casa, aquel dato había permanecido durante años como uno de los secretos mejor guardados de la aristroracia toledana.
Desde entonces la Casa-Museo El Greco recibe a miles de visitantes que llegan hasta ella para conocer la obra del famoso pintor y también para vivenciar, desde adentro, cómo era el modo de vida de los toledanos y de qué manera la casa se alzó como el vivo reflejo de la mentalidad de la época.
Acompánenme a recorrer los interiores de esta casa-museo y descubrir los secretos de uno de los artistas más importantes de la pintura española.

El edificio de la Casa Museo se encuentra ubicado en una pequeña elevación en medio del casco histórico. Su acceso es muy fácil y no suele estar atestado de turistas o visitantes por lo cual es más que recomendable para hacer una visita y estar algunas horas allí disfrutando de los jardines, las vistas y las pinturas que componen la colección permanente.

La estructra que presenta la casa es la misma que tenía cuando el Greco la habitó. Durante los años en que la Duquesa de Arjona vivió allí no hizo grandes modificaciones y se creer que atesoraba en una de las habitaciones algunas piezas del pintor inéditas hasta el momento. En su interior se conservan los ambientes e incluso el mobiliario de los siglos XVI, XVII y XVIII.

La casa cuenta con algunas terrazas a las cuales se puede acceder y obtener unas vistas fantásticas de la ciudad de Toledo. En la imagen se ven la torre y la cúpula de la Catedral.

Esculturas y fuentes aún persisten como testimonio del pasado aristrocrático que tuvo la casa a lo largo de los años.

La influencia del arte morisco se exhibe en los azulejos, ánforas y ventanales de la casa

Los interiores son sumamente interesantes ya que reflejan el modo de vida y la mentalidad de aquellos años de transición entre el feudalismo y el mundo moderno. Aquí se puede observar la que habría sido la habitación del Greco y como, aún en ella, habitaban objetos relacionados con el mundo de la pintura.

Sala de lectura y recogimiento. Nótese la presencia de alfombras, taburetes y un papelero/escritorio de estilo oriental típico de la cultura morisca que habitaba en Toledo

El escritorio del pintor (también conocido como "Bargueño" o papelera) es uno de los objetos mejor conservados del museo. Se cree que por los diseños habría sido confeccionado en alguna zona de Flandes y posee incrustaciones en marfil y algunas pequeñas piezas de hueso verdaderos prodigios en miniatura.

En algunos de los techos se observan geometrías árabes y que explican la multiculturalidad presente en la vida toledana. Cristianismo, Islam y Judaísmo comparten un mismo espacio y juntos generan un estilo de cosmopolitismo y diversidad poco visto en otros espacios de España.

El excelente estado de conservación en el que se encuentra el edificio obedece a un arduo control y trabajo arqueológico llevado a cabo por quienes son los responsables del cuidado del patrimonio toledano.

Los techos abigarrados de finos ladrillos, típicos de las construcciones mozárabes del siglo XIV y XV son una constante en la estructura del museo.
EL SECTOR MUSEÍSTICO DE LA CASA: ALLÍ DONDE REPOSA EL GENIO DEL GRECO
Una vez que el visitante se desplazó por los diferentes espacios de la antigua casa del pintor el mismo sendero guiado lo llevará a pasar a la próxima ala del museo en la cual se exhiben de manera permanente algunas de las obras más reconocidas del pintor. La primera que se puede ver - y que oficia casi como centro de la sala en la cual se encuentra- es la del plano general de Toledo en la cual no sólo refleja una interesante vista panorámica de la ciudad sino que, además, a modo de autorretrato, el se colocó en el margen inferior derecho sosteniendo un mapa de la ciudad y oficiando como maestro de ceremonia o guía del visitante-espectador.

El plano de la ciudad de Toledo además de ser una de las piezas más reconocidas de toda su obra es una verdadera representación del espacio geográfico que la contiene. En ella aparecen los edificios, la catedral y algunas de las construcciones más famosas que le imprimen identidad a la urbe. Para los toledanos supone una de las obras mas importantes del museo además de ser una fuente en la cual se puede ver reflejada la forma de vida del siglo XVI en el cual el pintor desarrolló su vida y su obra.

Una sala del museo se encuentra especialmente dedicada a la pintura religiosa que desplegó el pintor y que le valió el mote de uno de los más talentosos y representativos del barroco español. Si bien muchos historiadores del arte no logran ponerse de acuerdo acerca de si el Greco fue un pintor renacentista o barroco, lo que sí queda en claro es que fue un personaje más que influyente y que su relación con el papado de Roma le valió la posibilidad de realizar pinturas de santos, cristos y vírgenes para varias iglesias y catedrales europeas.
Sin embargo, mas allá de la excelente colección que el museo logró reunir en un mismo espacio, algunas de las obras más conocidas del pintor no se encuentran en aquella casa-museo y están exhibidas en el Museo del Prado (como el caso del Caballero con la mano en el pecho) o El entierro del Conde de Orgaz que se encuentra ubicado a unos metros del museo en la Capilla de Santo Tomé. Si están allí y se quedaron con ganas de saber más del Greco es mas que recomendable que se acerquen hasta ella y admiren la que para muchos es la pieza más importante de toda su obra.

Una entrada con un cartel toledano que lleva varios años de haber sido confeccionado le da la bienvenida al visitante y lo invita a conocer la sencillez de la capilla y la soberbia barroca desplegada por el Greco en la píntura más famosa de la ciudad.

La obra representa a la perfección la cosmovisión del hombre medieval que aún seguía pesando en la mentalidad de los españoles del siglo XIV. Pensada como una escena teatral -en la que hasta se pueden imaginar líneas que evocan un telón imaginario- aparecen dos clérigos manipulando el cuerpo del conde muerto y a cada uno de los costados un sacerdote y un fraile franciscano, representación de los valores jesuitas tan en boga por entonces. Un niño (quien se cree era el hijo del mismo Greco) indica con su dedo índice una de las costuras del joven cura y detras de ellos un grupo de hombres de la alta sociedad (y pertenecientes a la Orden de Santiago de Compostela identificados con la cruz roja en el pecho) miran hacia el cielo como imaginando el momento de la ascensión del alma del conde. Sobre ellos, una escena recargada de la Virgen María, Cristo y un ejército de santos aparece como representación del mundo celestial que se alza como el espacio en el que descansará eternamente el alma del conde una vez atravesado el portal.
La obra fue realizada por encargo de los familiares del Conde y supone una demostración explícita de lo que muchos toledanos pensaban del protagonista a quien consideraban que habia sido un hombre cristiano, de enorme fe y que por ello era un digno merecedor del cielo.
Si piensan pasar un día descubriendo las maravillas medievales de Toledo no dejen de asistitr a la casa museo o a la Iglesia de Santo Tomé para disfrutar del enigmático entierro del conde. Luego de la visita tendrán la sensación de haber aprendido un capítulo importante en la historia del arte y habrán tenido la posibilidad de reconstruir la obra de uno de los más grandes pintores de todos los tiempos.
Más info
CD El Greco, de Vangelis (para el film "El Greco" de Yannis Smaragdis)