Hay lugares en el mundo que lograron resistir algunas de las vicisitudes mas grandes de la historia y aún hoy se mantienen en pie. Al querer definir la esencia del Pontevecchio en el corazón de Firenze habría que retomar aquella idea y ubicar a este pintoresco espacio como uno de los que merece formar parte de aquel listado. Construido en tiempos del magnificente Imperio Romano e incólume hasta hoy, el famoso puente supo ser testigo del paso de la historia y de un sinfín de personajes que dejaron su huella imborrable al punto tal que muchos suelen identificarlos como hacedores silenciosos del ser italiano.
Los soldados del ejército romano, caballeros medievales, familias aristocráticas del Renacimiento, escritores románticos, soldados nazis, partisanos, fascistas, directores de cine y otras grandes celebridades pasaron por él haciendo que hoy sea uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad y uno de los preferidos para captar la esencia de los florentinos. Con sus construcciones añosas, la presencia de la humedad, la cercanía al Río Arno, las casas de colores, el olor a pizza y los escaparates rebosantes de joyas vuelven a este pequeño paso -de aproximadamente doscientos metros nada más- en uno de los sitios más fascinantes y representativos de la cultura italiana.
UN PUENTE PENSADO COMO CONDUCTO DE LA ARISTOCRACIA FIORENTINA
Si bien el puente fue originariamente construido en tiempos de emperadores romanos fue recién a finales de la edad media cuando alcanzó una esructura más parecida a lo que se ve en la actualidad. Por entonces, cerca del Siglo XV, Italia aún no era un país consolidado, independiente ni soberano sino que estaba integrado por una serie de ciudades-estado gobernadas por los miembros de la más alta aristocracia de entonces y que en muchos casos, detentaban pasados señoriales o bien míticos (muchos se decían descendiente de Eneas, el personaje mítico de la Eneida de Virgilio y que resulta el equivalente al Ulises de a Odisea griega) Así es como a Firenze le tocó en suerte ser gobernada por los Médici, una de las familias más poderosas de entonces y que no sólo desplegó una actividad política magnífica sino que fueron los posibilitadores para que la ciudad se transformara en el epicentro del Humanismo y el Renacimiento Italiano.
Sin embargo, la revitalización y puesta a punto del puente se llevó a cabo en 1565 cuando la familia decidió abandonar el Palazzo Vecchio (sede del gobierno de entonces) para alojarse en el Palazzo Pitti y, por estar ubicados ambos en cada extremo del puente, decidieron aislar el espacio del resto de la población. La obra fue encargada a Giorgio Vassari, uno de los artistas mas importantes de entonces quien terminó construyendo el Corridoio vassariano para comunicar el Palazzo Pitti con la Galeria Uffizzi sin tener contacto con el mundo exterior.
Lo cierto es que el puente y el corredor se transformaron rápidamente en un espacio que generó una amplia convcatoria popular ya sea porque intentaban un acercamiento a la familia más poderosa o bien porque planeaban pedir algún favor a los funcionarios que la acompañaban volviéndose una de las zonas con mayor actividad social, económica y artística de toda la ciudad. Según cuentan las leyendas habría sido en ese momento cuando proliferaron las panaderías, las joyerias y las bottegas (bares con cualidades de almacén) tres elementos que aún subsisten en la actualidad y que le otorgan al puente una extraña combinación entre aristrocracia y bajo pueblo.

Miles de turistas lo atraviesan a diario y dejan miles de euros en las joyerías, almacenes, bares, bodegas y restaurantes. Pese al paso de los años el puente sigue manteniendo el espíritu de mercado que se le imprimió desde los tiempos de los Médici y que logró sobreponerse al paso del tiempo materializándose como una estructura económica de larga duración.

La escultura de Giorgio Vassari engalana una de las márgenes del puente

El puente alberga algunos de los bares, cafés y pizzerias más seductores de Firenze. En muchos de ellos prima la fascinación por diferentes momentos del pasado aunque en su mayoría se evoca el Renacimiento y el Barroco, dos procesos históricos que se originaron en la ciudad y que la definieron inevitablemente.

Si bien el puente tiene una corta longitud (doscientos metros aproximadamente) es recomendable atravesarlo de punta a punta y observar con detenimiento algunos detalles que lo vuelven una verdadera obra de arte. Por ello, se aconseja recorrerlo en su interior y luego desde algunas de las márgenes del Arno ya que desde allí se puede obetener una vista panorámica que permite apreciarlo en su total magnitud. Las casuchas con ventanales castigados por el tiempo, los comercios, la gente y los arcos que recuerdan a los del Sena en París vuelven la vista en una postal inolvidable.

En cada uno de los rincones se pueden observar diferentes objetos que evocan la presencia de la historia y la huella de diferentes movimientos artísticos. Así es como si prestan atención podrán encontrarse con fuentes, mayólicas, esculturas, carteles y un sinfín de reminiscencias de los tiempos del renacimiento, el barroco o del siglo XX.

En cada uno de sus rincones el puente exhibe el testimonio de la obra que dejaron artistas incréibles y deja en evidencia la importancia de la ciudad en el desarrollo de aquellos talentos. Michelangelo, Botticelli, Vasssari y Giotto fueron algunos de los que dejaron su huella no sólo en los museos sino en algunos espacios calejeros, por lo cual si se agudiza la vista y se observa con detenimiento se puede ser sorprendido.

Si bien el Arno cuenta con un nivel de contaminación "aceptable" dicha condición no le quita la posibilidad de ser un gran embellecedor del paisaje. Recorrerlo en las inmediaciones del puente regala algunas vistas más que interesantes y permite descubrir el modo de vida de los lugareños y sobre todo, cómo pasado y presente le imprimen una identidad insoslayable al espacio.

Con el paso de la modernidad sobre ambas márgenes del río se construyeron edificios de departamentos que son de los más codiciados del mercado inmobiliario. Varias asociaciones medioambientales denuncian el impacto que dichas construcciones tienen en el ecosistema del Arno aunque el negocio de la construcción sigue cada vez con más fuerza en toda esa zona de la ciudad.

Sobre las márgenes del Arno pueden verse construcciones que testimonian pasados arquitectónicos totalmente heterogéneos. Por medio de las fachadas pueden descubrirse ecos del renacimiento, barroco, modernismo y algunas tendencias de la nueva construcción italiana.