07 Jan
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Pasar por Varsovia y no perderse en algún restaurante a degustar la deliciosa comida polaca significa no haber estado en Polonia. Si bien por su carácter de este-europeo es una de las gastronomías más calóricas del mundo, les aseguro que bien vale la pena dejar la dieta de lado y darse el gusto de probar sabores, texturas y colores como se ve en pocas gastronomías en el mundo.

Además, de todas las ciudades de Polonia, Varsovia parece ser la que mejor entendió la necesidad de tener una cantidad numerosa de restaurantes (les aseguro que hay menos de 4 por cuadra o manzana), de variados estilos, dirigidos a públicos diferentes y con una amplia gama de precios, tanto como para que nadie se vaya de la ciudad sin haber probado los imprescindibles de la cocina polaca.

A continuación les dejo un fotorreportaje de los restuarantes y bares más emblemáticos que se encontrarán cuando visiten la ciudad. 

El lujoso Kawiarnia U Barssa se ubica frente a la Columna Zygmunta y cerca de la  Universidad Copernicana. Es uno de los favoritos por los turistas que encuentran en el una suculenta carta con vinos, platos diversos y los que, dicen, son los mejores postres de la Ciudad Vieja.

Este mesón ubicado frente a la Universidad Copernicana es una opción un poco más económica y suele llenarse cerca del mediodía, horario en el que la mayoría de los estudiantes toman su hora de comida y se mezclan con los turistas y trabajadores que paran para almorzar. La carta no es tan completa pero se pueden comer exquisitos pieroguis, de muy buena calidad y a muy buen precio. 

El Belle Epoque se encuentra en la zona del Barbacan en la Ciudad vieja, cerca del Monumento al Niño del guetto. Su decoración barroca del interior contrasta con la fachada austera que se ve en la fotografía. Es una buena opción para hacer un alto en las frías tardes mientras se visita la ciudad y probar algunos de los tés o cafés especiales acompañados de los dulces o tortas varsovianos. 

 Cukiernia está en la zona de la Universidad Copernicana y es una buena opción para los que buscan una comida más tradicional. Las mesas de fiambres, pastas y los platos típicos de la cocina italiana o francesa ocupan buena parte de la carta. El precio es un poco caro para la comida que sirven.

El Café Batida les hará sentir que están en cualquier esquina de París en épocas de la Belle Epoque. Con una arquitectura modernista y unos interiores dignos del clasicismo más exquisito, este café ofrece la posibilidad de probar lo mejor de la pastelería y la chocolatería polaca así como de los mejores cafés internacionales. Además allí podrán adquirir el chocolate Chopin, uno de los souvenirs más buscados por los amantes de lo dulce. 

El Café Bristol se encuentra al lado del Hotel Bristol, uno de los más exclusivos de la ciudad  vieja. Este café data del 1901 y por allí pasaron miles de personalidades de la historia tales como políticos, presidentes, artistas y muchos más. En su interior es muy parecido al Batida (que se encuentra enfrente) aunque éste es mucho más barroco en su decoración y mucho más caro en cuanto a los precios. Ofrece cafetería, diferentes opciones de dulces, chocolates finos y menúes fijos que se modifican a diario.

El Café Zamek se encuentra dentro del complejo del Castillo de Varsovia y es el sitio indicado para quienes visitan ese lugar histórico. De fachada aparentemente austera pero decorado con un excelente gusto en su interior - tanto que parece un museo en sí mismo- es una buena opción para pasar un rato agradable y disfrutando de las diferentes obras de arte que lo habitan. Los precios no son para nada económicos, pero vale la pena conocerlo, ya que está considerado uno de los mejores según las guías de turismo y los sitios de internet dedicados a la gastronomía internacional.

EL PIROGUI: UN MANJAR DE LA COCINA POLACA AL QUE POCOS SE ATREVEN

Si hubiera que elegir un sólo plato con el cual identificar a la cocina polaca, ese es sin dudas el pirogui (o "perogué" tal como lo adaptaron los españoles). Si bien el origen del pirogui se dice que es ruso, dada la cercanía geográfica, cultural e histórica que tiene Polonia con Rusia, los polacos los han asimilado y para muchos cocineros internacionales el plato ya les pertenece. 

La base del pirogui es muy sencilla, una masa igual a la de las empanadas argentinas se rellena con puré de papas y se las hierve como cualquier pasta fresca. Cuando ya están listos (cuando suben en la cacerola, tal como lo definieron los italianos con los fideos) se retiran, se cuelan y se los rocía con una salsa de manteca, panceta muy pequeña (hecha tipo chicharrón) y pequeños trozos de cebolla rehogada. La salsa que para nada cuenta con pocas calorías hacen que la mezcla de masa y puré adquiera un sabor único y hace que el comensal quiera repetirlo varias veces.

En toda Polonia los piroguis son el plato más buscado no sólo por polacos sino también por turistas, que llegan a cualquiera de las ciudades pidiendo probarlos. Es por ello que para satisfacer paladares curiosos crearon Zapiecek: Polskie pierogarnie, una cadena que se encuentra en todo el país y que es elegida antes que cualquier hamburguesería americana estilo fast-food. En ellas se pueden probar más de 50 variedades de pirogui con otras tantas salsas y, además, se pueden disfrutar algunos de los platos más populares de la cocina polaca. 

La oferta de restaurantes y bares en Varsovia es más que amplia y se amolda a todas las necesidades y bolsillos. En los últimos años, el boom de la construcción y los proyectos tendientes a modernizar la ciudad le insuflaron un aire de urbe cosmpoolita que antes no tenía y la vuelve un lugar propicio en el este europeo para degustar la increíble mezcla de sabores de esa región del viejo continente. 

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