De todos los países de Amérca Latina, Brasil es uno de los pocos que experimentó un proceso atípico no sólo en lo que respecta a su conquista sino, además, en el modo que eligió para poder alcanzar su independencia definitiva en el año 1822 a manos de Pedro I cuando influenciado por la inevitable sucesión de independencias en la región, desconoció el dominio de sus padres los reyes de Portugal Joao VI y Carlota Joaquina de Borbón y se alzó como el emperador de Brasil iniciando un hito bisagra en la historia del país. A partir de ese momento, Brasil adoptó una serie de medidas políticas, económicas, religiosas y sociales tendientes a consolidar un estado nacional y, en ese devenir, creó edificios públicos, mejoró la burocracia estatal y estableció decenas de sitios destinados para defender el territorio y evitar el avance de enemigos exteriores.