De todos los países de América Latina, Brasil es uno de los pocos que experimentó un proceso atípico no sólo en lo que respecta a su conquista sino, además, en el modo que eligió para poder alcanzar su independencia definitiva en el año 1822 a manos de Pedro I cuando influenciado por la inevitable sucesión de independencias en la región, desconoció el dominio de sus padres los reyes de Portugal Joao VI y Carlota Joaquina de Borbón y se alzó como el emperador de Brasil iniciando un hito bisagra en la historia del país. A partir de ese momento, Brasil adoptó una serie de medidas políticas, económicas, religiosas y sociales tendientes a consolidar un estado nacional y, en ese devenir, creó edificios públicos, mejoró la burocracia estatal y estableció decenas de sitios destinados para defender el territorio y evitar el avance de enemigos exteriores.
Así es como consecuencia de aquella organización en 1603 se instaló la Fortaleza de Santiago (un edificio monumental de cara a la Bahía de Guanabara desde la cual se amplificaba la defensa de la costa) y, con el correr de los años, el lugar fue anexando otros espacios tales como la Prision de Calabouzo en 1693 (destinada a encarcelar esclavos rebeldes e insurrectos) ,la Casa de la Artillerá (depósito de armas del ejército de aquellos años) hasta que, en 1922, fue la sede elegida para albergar la exposición del primer centenario de la independencia del país.
Luego de aquella emblemática celebración, el presidente Epitacio Pessoa decidió ubicar en ese mismo lugar el primer Museo Histórico Nacional de Brasil y darle al pueblo brasilero un espacio que atesorara el pasado carioca desde los orígenes de su historia hasta los tiempos actuales. De esa forma, con el correr de los años, el museo fue ganando espacio poco a poco hasta ocupar totalmente las instalaciones de la estructura, tal como se lo puede ver en la actualidad.
Si bien el museo no forma parte del circuito oficial para visitar en una estadía en la ciudad es más que recomendable incorporarlo. No sólo porque les va a permitir perderse por unas horas en una colección increíble que supone un viaje en el tiempo (las colecciones abarcan desde la Prehistoria brasileña hasta la última presidencia de Luis Inazio Lula Da Silva) sino, porque, además, les dará la posibilidad de recorrer uno de los edificios más antiguos y con mayor carga histórica de todo Río de Janeiro. Quienes se larguen a la aventura de dedicarse unas horas para recorrerlo (una mañana alcanza perfectamente) podrán disfrutar de unos jardines increíbles rodeados de fuentes coloniales, cañones originales, carruajes y autos antiguos y hasta enormes patios que permiten descansar del ajetreo de la ciudad en un ambiente cinematográfico.
Acompáñenme a descubrir los interiores del museo histórico más importante de Brasil

La fachada colonial ubicada sobre uno de los costados de la Bahía de Guanabara adelanta la estética que se verá en los interiores apenas se atraviesa el pórtico de más de tres siglos que permanece en un perfecto estado de conservación.

En la entrada de la planta baja (una de las principales para acceder a la colección permanente) se encuentra un importante grupo escultórico con los personajes más importantes de la historia de Brasil a lo largo de más de doscientos años. La figura de Don Pedro, liberador del país y líder politico oficia de bienvenida para los visitantes.

La incorporación de los pueblos originarios como actores importantes en la historia nacional tuvo que ver con el proceso de apertura cultural y de reivindicación histórica promovidas por las presidencias de Lula Da Silva y Dilma Rousseff. Durante los años en que Bolsonaro se alzó como líder de la derecha brasileña aquellas políticas fueron invisibilizadas y el museo sufrió algunas modificaciones. Desde el inicio del segundo mandato presidencial de Lula Da Silva, los pueblos originarios y las poblaciones afro volvieron a ocupar un espacio dentro de la historia del país, siendo reivindicados como actores y partícipes necesarios en la construcción del pasado brasileño.

Las lenguas originarias diseminadas por todo el país forman parte del patrimonio cultural del museo. En esta vitrina se exhiben muchas de las palabras indígenas que luego fueron tomadas por el portugues e, incluso, por la lengua española, dejando en claro la convivencia entre varias culturas y civilizaciones en el espacio brasilero.

Los techos originales del S. XIX exhiben la historia del país y el proceso de consolidación del estado nacional brasileño. Divididos en varios paneles restaurados los techos evocan el pasado clásico portugués y la necesidad de reflejar en las construcciones la presencia del pasado como elemento identitario.

La serie "Cinco siglos de lucha" cuenta la historia del país en orden cronológico y es una de las piezas de arte moderno más fascinantes que tiene el museo. Bajo el formato de línea de tiempo y realizada en estilo naif, la obra da cuenta de los acontecimientos más significativos de la historia de Brasil partiendo desde la Conquista portuguesa hasta fines del siglo XX.

Una enorme maqueta evoca la organización y el funcionamiento de una antigua fazenda (hacienda) unidad económica colonial en la cual se daba no sólo un intercambio económico sino, también, de población ya que en ellas convivían los portugueses junto con esclavos importados a través del tráfico negrero e indígeneas a quienes sometían al servilismo y la explotación.

Una importante muestra de arte religioso colonial en estilo barroco evidencia la importancia y la presencia de la iglesia en el proceso colonial. Virgenes, santos, cuadros, pasamanerías, imaginería votiva, esculturas y algunas joyas de importancia pueblan las vitrinas celosamente catalogadas.

Objetos religiosos obtenidos de diferentes iglesias de diversas regiones del país

Réplicas de vestuarios utilizados por los portugueses en el siglo XVIII se exhiben en algunas salas dedicadas a la memoria colonial.

Obras de arte y elementos decorativos con reminiscencias lusitanas son exhibidos en algunos de los rincones de la sala colonial. El modo de vida carioca cambió significativamente luego de que producidas las invasiones napoleónicas en la Península Ibérica se produjera la venida de los reyes Joao VI y Carlota Joaquina de Borbón.

Representación de una embarcación real del siglo XVIII hecha totalmente en marfil asiático. Allí se puede ver como los reyes portugueses tenían aquel medio de navegación para desplazarse por las diferentes aguas que atravesaban el territorio de Rio de Janeiro por aquellos años.

Una botica del siglo XIX fue transplantada íntegramente al interior del museo. Con los muebles, frascos y elementos naturales con los que se fabricaban los diferentes medicamentos, el sitio evoca de manera fiel como era una farmacia de aquellos años y cómo se llevaba a cabo el proceso de fabricación, conservación y venta de las diferentes fórmulas para la salud.

Objetos para pesar, mezclar y preparar productos químicos

LOS JARDINES Y PATIOS DEL MUSEO: UN RECORRIDO PARALELO AL DE LA HISTORIA
El museo cuenta con varias salas de muestra permanente y alberga cerca de 260.000 piezas entre las que se encuentran obras de arte, documentos y libros. Por ello se recomienda que una vez recorrido el primer piso se haga una pausa para descansar y seguir luego con la visita. Sin lugar a dudas la mejor opción es salir hacia algunos de los jardines o patios que tiene el museo ya que permiten tomar un respiro y seguir descubriendo algunas de las maravillas que el espacio ofrece.

Los patios adoquinados son originales de los tiempos coloniales y aportan frescura y distensión para los visitantes.

Arcadas coloniales engalanan algunos grupos escultóricos de personajes imprtantes de la vida política y social de Brasil

En el Patio de los Cañones se puede observar una interesante colección de armas utilizadas como defensa del territorio durante los años de la conquista a mano de los portugueses.

Antigua puerta de acceso al fuerte (datada del S. XVIII) Esta estructura que se encuentra en excelente estado de conservación fue llevada hasta el patio central del museo para oficiar de testimonio de la importancia del estilo manuelino importado por los portugueses y que, rápidamente, incorporaron en las nuevas tierras conquistadas.

Un pequeño patio en el cual se exhiben algunos escudos de las familias nobles más importantes que llegaron a las nuevas tierras dan testimonio del intercambio intercultural que significó la llegada de los portugueses y la posterior conquista del espacio brasileño. Este lugar es uno de los preferidos por los visitantes para hacer un alto en el recorrido y tomarse un descanso. Luego de pasar un rato al aire libre visitando los patios y jardines, se está listo para emprender la segunda etapa del recorrido.
Continúa en la segunda parte...