27 Aug
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Puebla, uno de los destinos más bellos del país, está considerada la cuarta urbe más poblada de México y se encuentra ubicada a nada menos que 129 kilómetros del Distrito Federal. Para llegar a ella, la mejor manera de traslado desde la capital es a través del autobús interurbano que tiene una frecuencia diaria cada 40 minutos y que parten desde la estación de Tapo DF desde las de 6 de la mañana.

Una vez que el autobús llegue a la Terminal de Puebla, lo más aconsejable para trasladarte hasta el casco histórico (sitio en el cual se encuentra el néctar de la ciudad) será tomar un bus o taxi para que te acerquen hasta el mismo corazón del centro (ya que éste se encuentra a casi dos kilómetros de la Terminal) y a partir de allí comiences a desplazarte a gusto por cualquiera de las 4 entradas que dan acceso al casco urbano (Teatro Principal, Calle 2 Norte, Calle 2 Sur o Calle 8 Norte).

De todas las opciones que ofrece el mapa, la forma más ordenada para no dejar ningún punto sin ver es comenzar la caminata partiendo desde el Zócalo o Plaza del Ayuntamiento, ya que allí mismo se encuentra la maravillosa Catedral de la ciudad y representa uno de los tesoros religiosos mejor conservados desde su construcción durante el barroco americano. 

Si bien en su interior hoy pueden verse enormes columnas que la sostienen intentando mantenerla erguida a consecuencia de los movimientos sísmicos a los que fue sometida, aún se puede disfrutar del Altar Octogonal creado por Manuel Tolsá que se encuentra en el centro del edificio e incluso se puede acceder a uno de los dos campanarios gemelos (ambos de 69 metros de altura) teniendo desde allí, una de las mejores vistas de la ciudad.

Siguiendo el recorrido por la Calle 5 Oriente, a un costado de la iglesia (y al lado del mayor centro de Información Turística de la ciudad) se encuentra el Palacio Episcopal, un antiguo edificio de estilo colonial que alberga en su interior la Biblioteca Palafoxiana, sitio de privilegio para los poblanos y que en su interior atesora cerca de 50.000 volúmenes, muchos de ellos jamás vueltos a editar y que hoy constituyen verdaderas piezas de museo.

LA PLAZA DONDE LOS SAPOS TIENEN SU CALLEJÓN

Al llegar al final de la calle 5 Oriente, ésta se angosta en su longitud y se convierte en el Callejón de Sapos, uno de los espacios más coloridos del casco histórico y que, a diario, sirve de escenografía para que artistas callejeros, vendedores ambulantes, artesanos, mariachis y titiriteros desplieguen sus dones entreteniendo al público que transita por sus empedradas calles.

Éste es un buen lugar para hacer el primer alto en el recorrido y dedicarse unos minutos para tomar algo en cualquiera de los tantos bares que abundan en la plaza, ya que de esa forma, se podrá apreciar en su totalidad el espíritu y la cordialidad de los poblanos. Además, los domingos desde muy temprano, en la Plazuela de Sapos, cientos de vendedores y artesanos dan vida a uno de los mercados de antigüedades y excentricidades más grandes de la ciudad.

A unos metros del Callejón de Sapos (sobre la Calle 4 Sur) se encuentran dos joyas arquitectónicas casi del mismo nivel que la catedral: La Iglesia de la Compañía (la cual exhibe una bellísima fachada barroca y pintada tanto en su interior como exterior, totalmente de blanco) y la Casa de las Bóvedas, un antiguo edificio de gran colorido y que, aún hoy, sirve de vivienda para algunas familias que habitan en su interior.

BARRIO DEL ARTISTA: EL LUGAR DONDE CONFLUYEN MERCADOS, MUSEOS Y TEMPLOS

Emplazado entre las Calles 8 Norte y 6 Oriente, se llega al Barrio del Artista, uno de los sitios mas pintorescos y polifacéticos del casco antiguo, ya que en él, desde hace años, conviven un mercado, un teatro antiguo, un templo con reminiscencias fuertemente hispánicas, un museo de la Revolución y caserones fuertemente ornamentados, los cuales antaño desempeñaron un gran papel en la historia de la ciudad.

El actual Mercado de El Parían (ubicado sobre la Calle 8 Norte) si bien hoy es el espacio del barrio en el cual confluye la mayor cantidad de público, no siempre estuvo allí. 

Cuenta la historia que dicho espacio alguna vez funcionó en la Plaza del Ayuntamiento (Zócalo Poblano) y que en el año 1976, cuando se produjo un voraz incendio que puso en peligro la integridad de la catedral, las autoridades gubernamentales decidieron instalarlo en la entrada misma del casco. Hoy, en él pueden comprarse los más variados souvenir, recuerdos, trabajos de alfarería, indumentaria, cerámicas trabajadas con la técnica talaverana, alimentos, dulces típicos y los clásicos botellones de rompope (especie de licor de huevo con bajísimo nivel de alcohol) 

Frente a su entrada principal (en la esquina de 6 Norte y 4 Oriente) permanece desde hace 3 siglos, la Casa del Alfeñique, denominada así por la yesería de su ornamentación y que recuerda a una pasta blanca de azúcar y almendras traída por los españoles años más tarde de la conquista. En la actualidad, esta casa alberga en su interior las instalaciones del Museo del Estado de Puebla y que según las guías turísticas, constituye uno de los diez sitios imprescindibles que ningún viajero puede dejar de ver cuando esté descubriendo Puebla.

Al llegar a la intersección de las calles 6 Oriente y 2 Norte, si se sigue por ésta última, se descubre la Casa de los Muñecos, una vivienda antigua de estilo clásico, mandada a construir por un Alcalde en el Siglo XVIII y que en su fachada principal exhibe decenas de muñecos danzantes, finamente diseñados con partes de azulejos de color ocre, rojo, azul y verde.Finalmente, si se retoma la Calle 2 Norte, se llega a la Plaza del Ayuntamiento, espacio del cual se partió al inicio. 

Toda esta caminata (yendo a un paso tranquilo) no lleva más de 3 ó 4 horas (dependiendo claro está, del tiempo que se detenga el viajero en el mercado de El Parián).El paseo por el casco histórico de Puebla puede hacerse durante el día, ya que en pocas horas se lo llega a recorrer casi en su totalidad, aunque lo más aconsejable es pasar al menos una noche allí y al otro día, bien temprano, planear una visita a Cholula, un bellísimo pueblo situado a 9 kilómetros de la ciudad y que atesora dos de las mejores joyas arquitecónicas y religiosas que ha dado el barroco mexicano: la Iglesia Santa María Tonanzintla y la de San Francisco Acatepec (consideradas por muchos amantes del arte, como la Octava maravilla del mundo).

Si te apasionan los circuitos cargados de color, tradición y que alguna vez han sido escenario de importantes episodios históricos, no dejes de visitar Puebla, ya que encontrarás en ella la combinación perfecta entre cultura, historia y diversión, un trinomio que suele darse en pocas ciudades en el mundo.

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