02 Apr
02Apr

Una visita al Complejo de la Villa es casi una obligación cuando se está planeando una estadía prolongada en la Ciudad de México. No sólo por que el viajero podrá admirar en ella algunas de las maravillas arquitectónicas mejor conservadas desde el barroco, sino por que además, en cada uno de sus rincones, tendrá la oportunidad de sentirse parte de uno de los misterios de fe más grandes del catolicismo hispanoamericano: el de la Virgen de Guadalupe.

El complejo dedicado a la Virgen de Guadalupe en la ciudad de México (junto a la Catedral de Santiago de Compostela en España y la Basílica de San Pedro, en el estado Vaticano) es uno de los centros católicos más importantes del mundo. Año tras año, por sus basílicas, conventos y templos, millones de personas provenientes de todas partes llegan hasta allí para dar sus pruebas de fe a la protectora de los mexicanos, a la cual la Iglesia católica no ha dudado en reconocer no sólo como la virgen más milagrosa, sino como la que mayor cantidad de adeptos ha alcanzado en todo el mundo (los últimos datos de Roma, arrojan una cifra cercana a los 90.000.000 de fieles diseminados entre cerca de 30 países).

Si bien mucho se habla de ella y de los cientos de milagros que los más altos jerarcas de la curia romana han podido comprobar, la historia de esta milagrosa virgen ha sido desde hace cinco siglos, uno de los misterios de fe más conmovedores que ha revelado la iglesia, después de algunos pasajes fantásticos del Antiguo testamento o de la vida de Jesucristo.

La historia de la Virgen de Guadalupe se remonta a 1531 (exactamente una década después de que Hernán Cortés llegara a México) año en que se le presentó de improviso al indio Juan Diego, mientras éste pastaba sus ovejas en las colinas del Cerro Tepeyac (actual territorio donde se encuentra ubicado el complejo de la Villa). En dicha aparición le comunicó que ella sería la encargada de proteger al pueblo mexicano y que él había sido el elegido para dar testimonio de su existencia, para lo cual le entregó un centenar de rosas intentando que con ellas, él pudiera demostrar la veracidad del encuentro.

Así es como Juan Diego tomó las flores y las arropó en su poncho, pero grande fue la sorpresa cuando al llegar al pueblo e intentar comunicarles la buena nueva, se dio cuenta de que las flores habían desaparecido y que inesperadamente, sobre el pecho de su vestimenta, estaba pintada a la perfección la imagen de aquella mujer que horas antes le había hablado en lo alto del cerro. Desde entonces, el milagro de fe de esta virgen se ha transmitido de generación en generación, constituyéndose a lo largo de los siglos en uno de los mayores íconos de la cultura azteca.En la actualidad, poco queda de lo que era el Tepeyac de aquellos años. 

Con el correr del tiempo (cuando apenas comenzaba el siglo XVII), los fieles promovieron la construcción de la Antigua Basílica y algunas décadas más tarde, se finalizaron las obras del Convento de Capuchinas y del Templo del Pocito. Pero la obra más significativa dentro del complejo fue aquella que en 1974 posibilitó la edificación de la nueva Basílica, de corte netamente modernista, la cual le dio al centro ceremonial una renovación en el estilo sobrio y clásico que se le había intentado imprimir tres siglos atrás.

Representación del momento exacto en el que el Indio les muestra a sus hermanos el milagro que la Virgen de Guadalupe hizo en su poncho

Dentro de la nueva basílica, hay tres puntos imprescindibles que el viajero que llegue allí no puede dejar de ver. Uno de ellos es el moderno altar donde se celebra el santo oficio (sobre el cual pende una enjambrada instalación de luminarias, las más extravagantes que se hayan visto jamás y que representan las rosas que le brindara la Virgen al indio Juan Diego como muestra de su existencia). 

El otro punto de gran atractivo son las criptas que se encuentran en el subsuelo y que tienen casi 15.000 nichos y 10 capillas que sirven para recordar los difuntos que allí descansan.Pero sin lugar a dudas, el verdadero imprescindible es el lienzo original del poncho de Juan Diego, en el cual se imprimió la primera imagen que se tuvo de la Virgen de Guadalupe. Ubicado tras un vidrio especial, la pintura fue colocada a varios metros del piso, y los turistas pueden apreciarla (y poder fotografiarla sin flash) pasando por debajo ella, a través de una cinta mecánica que los transporta en línea recta hacia el lateral izquierdo del altar mayor.

A un costado de este nuevo edificio, en la década del ochenta se erigió un interesante monumento a Juan Pablo II, el cual se moldeó con el bronce que fundieron de las miles de llaves que el pueblo mexicano donó para tal fin, y algunos años después, luego de la última visita del prelado al país, se colocó a modo de recordatorio, el famoso “Papamóvil” blindado que se le facilitó para que se pudiera desplazarse de forma tranquila por el Distrito Federal.

Uno de los recorridos más interesantes y atractivos que ofrece este complejo (y que a mí, en lo personal, más placer me dio) es el que comienza en las escalinatas de ascenso al Tepeyac y culmina con el llamativo conjunto escultórico denominado La Ofrenda, en el cual se puede ver una acabada representación del momento en que apareció la Virgen, reconstruida con esculturas de casi cuatro metros de altura y enmarcada por bellísimos jardines y una cascada tal cual como la que había en el cerro por aquellas épocas.

Otro espectáculo imperdible, es el que sucede a diario, cerca del mediodía en el campanario de la Basílica de Carrillón (ubicado frente a la nueva basílica y a un costado de la Iglesia del Pocito) donde si se tiene paciencia, se puede disfrutar de una representación en la que se relata con voz en off, música y luces, el episodio del encuentro entre la Virgen y Juan Diego.

UN RECINTO DE TEMPLOS PARA ADORAR AL MAYOR FENÓMENO MARIANO DE LA CRISTIANDAD

El templo moderno se realizó en 1976 y su construcción se debió a que el estado del anterior templo suponía un verdadero peligro tanto para el patrimonio que albergaba como para los millones de fieles que la visitaban año tras año. El estilo moderno y realizado con materiales que contrastan con el resto de los templos lo vuelven una verdadera conjunción de pasado y presente en el que el mito de la Guadalupe se materializa y renueva desde la eternidad divina. 

La decoración interior propone un extraño juego de formas geométricas y la fusión de varios elementos materiales que hablan de la cosmogonía guadalupana. El Templo suele estar repleto a cualquier hora y es uno de los más visitado por los fieles.

En el interior de la moderna basílica se encuentra lo que los mexicanos llaman la "Tilma" de la Virgen. Engalanada con una gigantesca bandera de los Estados Unidos mexicanos - y con la serpiente emplumada de Quetzalcoatl como el origen de la civilización azteca- se encuentra exhibido el que habría sido original del poncho del Indio Juan Diego sobre el cual se plasmó misteriosamente la imagen de la Virgen. El espacio es uno de los que mayor afluencia de público convoca y el que mayor emoción produce a los fieles guadalupanos ya que es el objeto más cercano a la presencia de la Virgen con el que podrán tener contacto.

Fachada del Templo de Cristo Rey. Muchos de estos templos menores ubicados en el recinto son una verdadera muestra del barroco meztizo consecuencia directa de la conquista de Hernán Cortés en territorio mexica.

Fachada donde se representa el momento en que el Indio Juan Diego abre el poncho frente a la comunidad y deja caer las rosas que fueron la promesa de la Virgen de Guadalupe.

La Capilla del Cerrito en el Tepeyac es una de las más visitadas y con mejor estado de conservación arquitectónica del espacio sagrado

Diferentes relojes en estilos muy diferentes marcan la hora de la cristiandad en el recinto

Reloj que marca el tiempo de la Cristiandad en 24 hs, los signos del Zodíaco y una representación de la Virgen de Guadalupe y del Indio Juan Diego.

Escultura votiva a la figura del Indio Juan Diego en el momento del extasis al ver a la Virgen de Guadalupe

Al igual que el reloj de Praga, cada una hora, las imágenes del Indio y la Virgen salen para que los visitantes los fotografíen y eleven algunas plegarias 

Alfombras florales y representaciones en tizas y polvos de colores (un clásico en países de Centroamérica) abundan en el Complejo de la Villa y le hacen sentir al extranjero la inolvidable sensación de que se encuentra inmerso en la ética y estética del México que datan de tradiciones ancestrales

Cuando terminé la visita - luego de haber estado varias horas en el recinto- caí en la cuenta de que había estado bajo una especie de trance hipnótico desde que hice mi ingreso. Las miles de personas que pasaron a mi lado, las decenas de imágenes indescriptibles que vi (desde genuinas muestra de fe hasta otras extremadamente bizarras) y el aura que sobrevuela en el recinto me hicieron reconocer lo incríblemente inspiradora que resulta la imagen de la Virgen para el mundo cristiano. Poco a poco me fui acercando a la salida y a medida que caminaba lento comencé a repasar las imágenes, los colores, los olores, los sonidos, la música de órgano de fondo (que nunca se detuvo y que significó la mejor banda de sonido que le pudiera haber puesto a aquella tarde que parecía filmada por Buñuel) y los gritos de las vendedoras ambulantes que invitaban al regateo para hacerse de una estatuita, un calco, un poster o bien una medallita con la imagen de la Virgen. 

Los sonidos comenzaron a disiparse y al voltear la mirada observé al Cerro Tepeyac recortarse en un atardecer rojizo difícil de olvidar. Los acordes del órgano ejecutados por un miembro del ejército de salvación me devolvieron a la realidad y quedé frente a un negocio ambulante en el que, además de miles de objetos dedicados a la Guadalupe, vendían una colección de marionetas completas del Chavo del 8. Así me quedé observando como un niño a la Chilindrina, el Chapulín, Kiko, Ñoño, Don Ramón, el Profesor Jirafales, la Bruja del 71 y el Dr. Chapatín. Inevitablemente se me humedecieron los ojos y me seuué rápidamente las lágrimas para no ser descubierto por los vendedores que se reían y bebían vino de una lata metalizada. La emoción contenida por las imágenes grabadas en el interior del complejo sumado al efecto nostálgico que tuvo la colección de Chespirito me provocaron un cosquilleo en el estómago y una extraña sensación de felicidad. 

"México me atormenta"...canta Sabina en una de sus glosas. Y por primera vez no estuve de acuerdo con el ídolo de Úbeda. A mi no me atormentó sino, más bien, todo lo contrario. Desde aquella tarde tuve la sensación de que esas imágenes, aquellos sonidos y la emoción del final por reencontrarme con mi niño interior, lejos de atormentarme, me sumieron en un sueño eterno que revivo cada vez que lo traigo a la memoria.

Ver minidocumental sobre la Virgen de Guadalupe en History Channel

Complejo de la Virgen de Guadalupe, Ciudad de México

Esquina 5 de febrero Mina s/n, Col. Gustavo A. Madero.

Mail: temploexpiatorio@yahoo.com.mx

Website Oficial México City

Tel: +52 (55) 5750 2222

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.