20 Jul
20Jul

Cada vez que llego a Roma y me dirijo a la encantadora Piazza Navona tengo la sensación de que, quizás, en una próxima visita los italianos cambien de parecer y comiencen a cobrar la entrada para poder visitarla. Si bien mi temor puede parecer un tanto infundado, cuando recorro la decena de obras de arte que se despliegan a lo largo de toda su extensión, caigo en la cuenta de que bien podría ser un museo y que, para que eso suceda, sólo tendrían que delimitar el acceso con un molinete como esos que abundan en los sitios arqueológicos mas famosos o de algunos otros que, sin serlo, optaron por esa modalidad.

Visitarla les aseguro que no es marcar asistencia en el mapa de imperdibles romanos y, por el contrario, es una experiencia sensorial en todo sentido. Estar en ella es como experimentar varios mundos ya que, a los pocos minutos de haber ingresado en su huracán de sonidos (donde arpas, guitarras y violines interpretan los clásicos de la música mundial) y la explosión de colores que regalan los cuadros y los balcones, se toma conciencia de que es mucho más que una plaza y que, muchas de las situaciones, personajes y experiencias que se viven allí son dignas de un sitio mágico o salidos de la mente de algún novelista con exceso de imaginación.

Para compartir con ustedes el recorrido dividí la experiencia visual en ejes temáticos, los cuales supongo les puede resultar de gran ayuda para que puedan observar con detenimiento cada uno de los rincones que ella esconde y no se pierdan nada de lo que expondrá frente a sus ojos como quien ofrece un tesoro pocas veces visto.

SUS PINTURAS, SUS PINTORES, SU ARTE 

El centro mismo de la plaza se encuentra poblado por pintores, caballetes, atriles, pinceles y turistas que reposan en silencio frente a los improvisados atelliers con la intención de que los retraten del modo más fidedigno posible. Me pareció interesante comenzar el recorrido por ellos ya que el grupo de objetos que compone esa inolvidable imagen es lo que primero llama la atención, quizás por una cuestión de formas, colores o bien por que en viajeros experimentados producen la sensación de estar en la idílica Place du Tertre en el inigualable barrio parisino de Montmartre. Pero a decir verdad, la Plaza Navona nada tiene que envidiarle al clásico francés.

Los puestos de pintores la atraviesan en su totalidad y la vuelven un espacio donde el arte parece haber encontrado un lugar para quedarse y poder ser compartido por todos aquellos que se tomen unos minutos para apreciar su esencia. Quienes acepten el desafío se encontrarán con pinturas de los más grandes íconos de Roma y de la cultura italiana a la vez que podrán compartir la experiencia de los caricaturistas que con su talento logran captar los gestos y las expresiones de quienes se entregan a sus interpretaciones.

Turistas observan la amplia oferta pictórica de los artistas de la plaza

La mayoría de ellos pinta allí y comparten con el público la experiencia del proceso creativo

Los pintores llegan muy temprano y abandonan la plaza casi entrada la noche  

SUS PERSONAJES 

El elemento humano es uno de los más representativos de la plaza y uno de los que mayor vitalidad y estilo le imprimen. En ella habitan los personajes más dispares y variopintos que puedan imaginarse. De esa manera, si saben ver, se encontrarán con tarotistas que adivinan el futuro en más de cinco idiomas, bailarines de tango que recogen aplausos y ovaciones, magos con trucos un tanto decadentes, cantantes que interpretan covers mientras esperan que algún euro caiga en los estuches de sus guitarras, hindúes que venden hélices que se lanzan al cielo y brillan en la oscuridad, los vendedores de frutas frescas, heladeros, los fabricantes de burbujas, los vendedores de globos gigantes y un sinfín de artistas callejeros que sobreviven gracias al despliegue de su sus talentos y gracias.

El monje de Bangladesh pasa varias horas al día suspendido en su caña de bambú

La señora que canta canzonetas napolitanas y además de colaboraciones acepta -y pide- cigarrillos

        La intérprete balcánica que embelesa al público con su arpa y su delicada belleza

           Las jóvenes en el balcón del Bar Dolce vita componen una típica postal romana

SUS FUENTES MONUMENTALES Y SUS ESCULTURAS

Piazza Navona es ante todo, esculturas. Muchas. De todos los tamaños y de todos los estilos. De autores como Bernini y de otros que no corrieron con la misma suerte que aquel, pero que perfectamente le podrían haber disputado el nombre. Las hay de hombres vigorosos, de mujeres celestiales, de niños con expresiones de tristeza, de ángeles regordetes contorneados en gráciles posturas y de seres mitológicos. Todas ellas compiten a la perfección con la gente, los colores, los sonidos y el bullicio de la plaza, y en medio de ese marasmo, logran imponerse por sobre todos ellos con una identidad única.
La Fontana del Neptuno.

Situada en la parte sur de la plaza, este grupo escultórico fue creado por Giácomo della Porta y terminada por Bernini durante el período barroco. Éste le agregó los delfines que acompañan a los personajes y les terminó de dar forma hasta dejarlos en la misma ubicación en que se encuentra en la actualidad. En el medio de la fuente aparece Neptuno, dios de los mares imponiendo su fuerza sobre los seres que habitan las aguas, territorio de su reinado.

LA FONTANA DE LOS CUATRO RIOS

De todas las fontanas de la plaza la de los Cuatro ríos es la más importante. Creada por Bernini en 1651 la fuente rinde homenaje a los cuatro ríos más importantes del mundo: El Nilo, El Danubio, El Ganges y el Río de la Plata. Personificados cada uno de ellos bajo una forma humana ocupan un ángulo de la fuente según el punto geográfico en el cual se encuentran en el planisferio. A las figuras humanas se anexa un grupo de caballos, leones y símbolos papales y eclesiásticos tal como lo imponía la costumbre de la época. Fiel al estilo del barroco la fontana alcanza el nivel de magnificencia al estar diseñada respetando los conceptos de teatralidad, expresividad, escenografía y movimiento.

La rigurosidad de la figura humana la ubican dentro de las grandes piezas de la escultura mundial

Las expresiones le otorgan vivacidad y aumentan el carácter dramático y teatral de la pieza

         Los detalles la igualan al genio de otros grandes escultores como MicheLángelo

                                                                      El Río de la Plata

                                 El caballo le imprime a la fontana el aspecto épico

El león como símbolo de poder aumenta la importancia de los ríos como dadores de vida

                      Los seres mitológicos son infaltables en la composición de la pieza  

Al caer la tarde la cúpula de la Iglesia de Santa Agnese in agone se tiñe de dorado

Cuando finaliza el paseo les aseguro que no quedan ganas de abandonar la plaza. Habrá quienes quieran repetir una pasada por las fuentes, otros por el paseo de los pintores y algunos se decidirán por pasar unos minutos más disfrutando del ambiente y el aire que allí se respira. En lo personal, les aconsejo que, independientemente de cual elijan, no abandonen el lugar sin antes vivir la experiencia de tomar algo en cualquiera de los bares que la rodean de norte a sur. Elijan alguno que se encuentre cerca de la parte de la plaza que más les haya gustado y, una vez allí, no duden en disfrutar del increíble regalo que es en sí misma la Plaza Navona en compañia de de un Aperol, un Martini o el tan de moda Negroni. El trago es lo único que tendrán que pagar (el paseo, por suerte, aún sigue siendo gratis).

MAS INFORMACIÓN
Cómo llegarMetro: Estación Barberini

A pie: desde el Panteón de Agrippa o desde Vía del Corso

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