28 Aug
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Una de las escenas más comunes cuando se está en cualquiera de los destinos tradicionales de Guatemala, es la ansiedad y el fervor de los viajeros del mundo por averiguar cuál es la forma más conveniente para llegar a la Antigua, ciudad signada por la conquista, el color y un sinfín de posibilidades que la han elevado a la categoría de “sitio más bello del país”.

Rodeada de volcanes y a escasos 50 kilómetros de distancia de la capital, la Antigua se erige como uno de los sitios más fascinantes que tiene la tierra del quetzal para ofrecer. Sus orígenes se remontan al año 1542, fecha en que fue fundada por los españoles como La Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Goathemala y en poco tiempo comenzó a perfilarse como una ciudad de una gran belleza, casi tal cual como se la puede ver en la actualidad.

Durante años, esta urbe funcionó como la capital del país, pero luego de sufrir 16 devastadores terremotos, las autoridades oficiales decidieron trasladarla al actual territorio de Guate City, dejando a la Antigua como un sitio histórico para ser admirado por todos los ciudadanos del mundo (incluso años más tarde, la UNESCO decidió nombrarla como Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad)

UN FESTIVAL EN EL QUE CONVIVEN EMPEDRADOS, CASAS COLONIALES, SANTOS Y VOLCANES 

Como siempre recomendamos a la hora de visitar cualquier ciudad de Centroamérica, en este caso también el sitio elegido para comenzar una recorrida es la Plaza principal (conocida como el Jardín del Centenario), la cual es muy fácil distinguir ya que se ubica junto a la magnífica catedral, obra barroca del siglo XVII y que constituye una de las piezas arquitectónicas más importantes de la Antigua.

El ojo del viajero tarda un tiempo en comenzar a distinguir los elementos que se encuentran todos apiñados en el barroquismo visual de la ciudad. Con una arquitectura recargada y con cientos de santos exhibidos en columnas, negocios y ferias artesanales, el impacto que produce esta bellísima ciudad invita a que se le dediquen al menos cinco días para poder descubrirla en casi todo su esplendor.

Una vez visto el monumental edificio religioso (el cual les aconsejo que lo vean también de noche, para disfrutar de su fastuosa iluminación) los puntos importantes para conocer son La Iglesia de San Francisco (joya barroca, segunda en importancia después de la catedral) y el Arco de Santa Catalina Mártir, un verdadero icono antigüeño que ofrece la mejor vista que se pueda tener de la ciudad, ya que detrás de él y sobre el final de una calle empedrada puede verse como se erige el gigantesco Volcán de Agua secundando la ciudad como un tótem.

Al llegar al arco lo mejor es tomarse un tiempo para disfrutar de los locales, ferias, mercados, restaurantes y bares que se encuentran allí, ya que alrededor de él se concentra la vida cultural y turística de la ciudad. Por las noches, los turistas eligen ese sitio como el punto de encuentro para comenzar una recorrida nocturna y terminar luego en algunos de los bares, pubs o discos que alegran la zona durante las madrugadas.

Si bien cualquier momento del año es propicio para conocer esta inquietante y maravillosa ciudad, no caben dudas de que la época más llamativa sea la semana santa, ya que en ese momento puede verse las procesiones de nazarenos vestidos de violeta (encapuchados de la misma forma en que se lleva a cabo el rito en ciudades españolas como Valencia o Sevilla) y portan la virgen sobre sus hombros, paseándola por casi todo el casco histórico de la ciudad.

Entre algunas de las manifestaciones culturales que pueden verse a cualquier hora del día sobre sus clásicas calles empedradas, figuran no sólo la venta de artesanías (hechas manualmente por grupos indígenas, los cuales conforman casi el 80% de la población nativa de la ciudad) o de elementos religiosos cargados de sincretismo, sino que además, a diario decenas de artistas eligen sus veredas para darle ritmo y color cuando cae la noche (saxofonista, guitarristas, cantantes o indígenas que llevan a cabo números musicales)

Además, en esas mismas fechas, los lugareños toman las calles y disfrutan de las coloridas alfombras hechas de polvos, un verdadero espectáculo nunca visto en otras latitudes. También quienes decidan visitar la ciudad en esa fiesta religiosa, tendrán la oportunidad de comer el fiambre, una sabrosa preparación autóctona (preparada sobre la base de embutidos, verduras, pollo, carne, papas y decorado con hojas de lechuga rociadas con un condimento especial denominado chile chamborote) a la cual le atribuyen la cualidad de ser un símbolo que representa la fusión entre la cultura prehispánica y la española.

Como puede verse, la Antigua Guatemala es una ciudad pequeña pero que atesora miles de sitios y secretos, así como una gran diversidad de planes para descubrirla según las preferencias del viajero. Quienes lleguen al territorio de Guatemala no deben dejar de pasar unos días allí, ya que no sólo es una de las poblaciones coloniales que mejor conserva su acervo cultural, sino que además, es quizás la que mejor ha logrado el delicado equilibrio entre arte, cultura y entretenimiento, tres constantes que la definen y que la han posicionado ante los ojos del mundo como uno de los lugares más bellos del planeta.

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