02 Jan
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Luego de las ruinas de Roma, Pompeya es uno de los sitios del mundo romano mejor conservado y más visitados por el público. A diario, miles de turistas provenientes de diferentes puntos de Italia llegan a la ciudad homónima para intentar  un acercamiento con los objetos y las imágenes que se conocen a través de documentales o libros de historia pero lo cierto es que, cuando ingresan al recinto arqueológico y comienzan a desandar el mito, descubren algunos de los errores (algunos históricos, otros meramente informativos) que versan sobre ella.

El primero de los desengaños que sufren muchos viajeros cuando comienzan el viaje por la historia es enterarse que Pompeya jamás fué sepultada por lava volcanica (esa fue Herculano, la otra urbe cercana a ella y que sí recibió directamente la masa de magma incandescente arrojada por la erupción del Vesubio) sino que su enterramiento se debió a la caída - y posterior petrificación- de ceniza volcánica que cayó de manera sostenida durante casi un día hasta cubrirla por completo.

Por eso, antes de comenzar la recorrida virtual que les propongo en este artículo quisiera compartir con ustedes algunos datos históricos que ayudarán a forjarse una idea de la importancia de Pompeya para el mundo romano antiguo y por qué su descubrimiento y posterior revitalización la vuelven una verdadera ave fénix que se alza en medio de las cenizas para mostarnos abiertamente todo su esplendor. 

POMPEYA, DATOS HISTORICOS PARA COMPRENDERLA

Si algo caracterizó a Pompeya a lo largo de su historia fue su capacidad innata para reinventarse luego de muchas de las vicisitudes que le tocaron en suerte. De la misma forma que sucede con muchos de los centros urbanos del mundo romano, los orígenes de la ciudad son un tanto confusos y con varias versiones, en algunos casos, difíciles de comprobar.  Así es como si bien un sector de los los historiadores que analizaron las fuentes escritas de Estrabón ubican su origen cerca del S. IX ac., (época en la que habrían llegado a ella un grupo humano denominado Oscos provenientes de Italia central) otros hablan de la presencia preexistente de colonias griegas en la región.

Luego, en el S. VII ac se advierte en ella la presencia de etruscos (el gran pueblo que dió origen a la civilización romana) y a partir de allí comienza un derrotero de conquistas e invasiones hasta que, ya en épocas del imperio romano, se transformó en una ciudad privilegiada dado que por su ubicación geográfica habría funcionado como punto estratégico para intercambiar con Roma las mercancías que llegaban por vía marítima utilizando la famosa Vía Apia, verdadera arteria comercial del imperio. En el año 62 de la era cristiana fue semidestruida por un terremoto y algunas fuentes aseguran que los trabajos de reconstrucción se habrían extendidido hasta el año 79, fecha en la que el Vesubio erupcionó sepultándola bajo un manto de ceniza volcánica.

"Poco después la nube descendió y cubrió el mar. Miré hacia atrás: una densa nube negra se elevaba a nuestras espaldas, esparciéndose sobre la tierra como una inundación. Cayó la oscuridad completa, no aquella de una noche oscura o sin luna, sino tal como si se hubiese apagado la lámpara dentro de una habitación cerrada. Se podían escuchar los alaridos de las mujeres, el llanto de los infantes y los gritos de los hombres... y había aquellos que rezaban pidiendo la muerte dentro de su terror de morir. Muchos buscaron la ayuda de los dioses, pero aún más imaginaban que no existían ya dioses y que el universo caía en picado para sumirse en una oscuridad eterna hasta el fin de los tiempos”. 

De ese modo describió Plinio el joven (verdadero sobreviviente de la tragedia) lo sucedido el 24 de agosto del 79, documentado mediante cartas que le enviara al emperador Trajano y de las crónicas que posteriormente escribiera para testimoniar la tragedia.

Así es como a partir de ese fatídico hecho, la magnífica Pompeya quedó sepultada sin que durante siglos se supiera de ella. Pero en 1748, bajo la orden de excavar en la zona dictada por Carlos III de España la ciudad fue descubierta casi de manera accidental y el mundo moderno quedó sorprendido por el importante hallazgo. A partir desde entonces, los trabajos arqueológicos se extendieron por más de un siglo hasta que, en 1860, el arquitecto Fiorelli descubrió en la zona restos humanos y decidió rellenarlos con yeso para rememorar los últimos instantes de vida de los infortunados pobladores de la ciudad.

Desde entonces, el sitio arqueológico de Pompeya permanece abierto y los arqueólogos siguen trabajando sobre él. Aún quedan miles de cuerpos por encontrar (la población al momento de la erupción debería haber sido entre 15.000 a 30.000 habitantes y hasta el momento sólo se encontraron cerca de 2000 cuerpos) y se cree que buena parte del patrimonio aún permanece sepultado por lo cual se hace necesario continuar con las excavaciones. Gracias a ese trabajo, hoy se puede apreciar, casi en su mayoría, el pasado que subyace en cada uno de sus rincones.

DESCUBRIENDO POMPEYA PASO A PASO 

La entrada al sitio arqueológico deja al descubierto algunos de los elementos de la geografía del lugar. Olivos, pinos, geranios y ciento de especies arbóreas típicas del bioma mediterráneo sirven de escenario para descubrir las ruinas de uno de los más importantes centros arqueológicos de la humanidad.  

La visita al sitio comienza con el Pórtico de los gladiadores. Al igual que sucedía con el Coliseo romano o con la Arena de Verona, Pompeya contaba con un espacio destinado para llevar a cabo las luchas que significaban un espectáculo en el que participaba todo el pueblo. Una parte del pórtico se encuentra semicubierto y en el interior del edificio aún hoy pueden verse las celdas de los prisioneros y un recinto donde se ubicaban los gladiadores. En ese mismo espacio había habitaciones reservadas para albergar a extranjeros ya que, por entonces, era muy común recibir luchadores que provenían desde diferentes ciudades del imperio.

Las columnas del pórtico exhiben la presencia de la ceniza volcánica adherida a la superficie a modo de sedimento.

A un costado del Pórtico de los gladiadores una monumental serie de columnas de estilo corintio oficiaba de antesala a la gran escalera (que tiene cerca de cien escalones) que llevaba al Anfiteatro. 

Escalinata con presencia de ceniza volcánica

En las ciudades más importantes los romanos construyeron anfiteatros u odeones destinados a llevar a cabo las sangrientas luchas de gladiadores o bien para representar diferentes piezas teatrales, generalmente relacionadas con la vida de los pobladores o con cuestiones de su ser histórico. Este espacio significaba un verdadero punto de encuentro y una de las formas preferidas de socialización. Según testimonian las fuentes la capacidad del anfiteatro en su época de esplendor habría llegado a albergar 20.000 espectadores. 

Algunas estructuras arquitectónicas permanecen intactas y casi incorruptibles al paso del tiempo  

El HOSPITIVM podría entenderse como un antecedente de los hospitales modernos. Según se cree era el lugar donde se atendía a los enfermos y se los curaba según los conocimientos de la época. Dado el carácter magnánimo del imperio llegaron a contar con personal calificado proveniente de algunos de los sitios conquistados y que ponían sus conocimientos al servicio de la salud de los pompeyanos.  

La ciudad se encuentra dividida por zonas según la división catastral observada por Fiorelli 

El Lupanar es uno de los sitios más curiosos del recinto. Muestra indiscutida de la vida sexual de los pompeyanos deja al descubierto la importancia que tenía el sexo en la antiguedad y las prácticas que utilizaban para satisfacerlo. El espacio que actualmente se encuentra abierto al público funcionó como una especie de burdel al cual asistían los pobladores y allí intercambiaban sexo a cambio de diferentes tipos de prestaciones. Producto de esas prácticas los pompeyanos llegaron a desplegar un verdadero "arte erótico" reflejado en las paredes y techos del habitáculo.  

El trazado de las calles sigue el mismo canon estético de las calles romanas. La orientación es de este a oeste y se hace sobre la base de una cuadrícula de líneas rectas y transversales. En los muros puede observarse la presencia de diferentes piedras y sedimentos volcánicos.  

De todos los templos del recinto, el de Venus habría sido uno de los mas monumentales. Así lo demuestran las formas y los materiales utilizados, los cuales contrastan con el resto de los espacios destinados a la veneración y el culto de los antiguos dioses romanos. 

El Templo de la Fortuna Augusta y el Arco honorario ofrecen una de las vistas más interesantes de la ciudad. Sitio de confluencia de templos, calles y una corta cercanía al foro lo alzan como el sitio elegido para vivenciar uno de los espacios donde más activa se hacía la vida de la antigua Pompeya.

Hasta aquí hemos apreciado el recorrido a través del trazado urbano y el medio que rodea a la ciudad. En la segunda parte compartiremos un paseo por los interiores de algunas de las viviendas mejor conservadas, el arte característico de los frescos y templos privados, los cuerpos petrificados y los diferentes objetos que fueron encontrados luego del trabajo de excavación llevado a cabo en los últimos años.

(Continúa en la Segunda parte)

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